Hoy os quiero dejar un cuento de tradición escandinava. Cada cuento cada uno lo interpreta según su mapa mental. En este caso a mí me habla sobre la felicidad y la insatisfacción de no estar nunca a gusto con lo que se es, con lo que se tiene.

El trabajo del picapedrero era muy duro. Trabajaba todo el día en la cantera desde el amanecer hasta el anochecer. Tenía las manos endurecidas y llenas de callos, la espalda combada y la cara curtida y arrugada.
No era feliz. Se decía: “Esto no es vida. ¿Por qué mi destino es ser un picapedrero? ¿Por qué no puedo ser más rico de lo que soy? Si fuese rico, entonces sería feliz”.
Apareció un Ángel y le dijo: “¿Qué tendría que suceder para que reconocieras que eres rico y feliz?”.
“Es muy fácil. Si fuese rico, viviría en la ciudad en un hermoso ático. Podría ver el cielo. Dormiría en una cama con dosel y sábanas frescas de seda negra y me pasaría el día durmiendo. Entonces sería feliz”.
“Eres rico”, dijo el Ángel agitando su varita mágica. Y se volvió rico. Y vivía en la ciudad en un ático. Y se pasaba el día durmiendo en una cama con dosel y sábanas frescas de seda negra. Y era feliz.
Hasta que un día le despertó un alboroto que venía de la calle. Saltó de la cama y corrió a la ventana. Miró hacia abajo y vio un elegante carruaje dorado, con caballos delante y soldados detrás. Era el rey. Y la gente que atestaba las calles lo aclamaba y le hacía reverencias.
El hombre rico reconoció al instante que era infeliz. “No soy feliz. El rey es más poderoso que yo. Si fuese el rey, entonces sería feliz”.
Y apareció el Ángel y le dijo: “¡Eres el rey!” Y se convirtió en el rey. Y era feliz. Sentía todo su poder y sentía toda su fuerza. Y le agradaba sobremanera que la gente le rindiese homenaje, que sus sirvientes le obedecieran y tener el poder de decidir si otras personas debían vivir o morir. Era feliz.
Y entonces un día se fijó en el Sol. Y vio que el Sol tenía el poder de hacer cosas que él no podía ni tan siquiera imaginar. Vio que el Sol podía hacer virar todos los campos del verde al amarillo y del amarillo al marrón. Vio que el Sol podía secar hasta los ríos más caudalosos y no dejar nada, salvo unas orillas fangosas y resecas. Vio que el Sol podía quitar la vida al mundo.
Y reconoció que era infeliz. “No soy feliz. El Sol es más poderoso que yo. Si fuese el Sol, entonces sería feliz”.
Y apareció el Ángel y le dijo: “¡Eres el Sol!”. Y se convirtió en el Sol. Y era feliz. Sentía todo su poder y sentía toda su fuerza. Y le agradaba sobremanera poder hacer virar los campos del amarillo al marrón, secar los ríos y transformar el mundo entero. Y era feliz.
Y gobernaba el mundo desde su cenit, exultante de poder. Hasta que un día se fijó en la Nube, la Nube de lluvia grande y negra. Y vio que la Nube tenía el poder de hacer virar todos los campos del marrón al verde, de volver a llenar los ríos de agua caudalosa y espumosa y de devolver la vida al mundo.
Y la depresión le embargó. “Soy tan infeliz. Esta Nube es más poderosa que yo. Si fuese la Nube, entonces sería feliz de una vez para siempre”.
Y apareció el Ángel y le dijo: “Eres la Nube”. Y se convirtió en la Nube y era feliz. Sentía todo su poder y su fuerza. Y le agradaba sobremanera poder trastocar la obra del Sol y restituir la vida allí donde tan poca vida había habido anteriormente. Y conoció por primera vez la verdadera felicidad.
Hasta que un día vio allá abajo a lo lejos a la Roca. Y vio que la Roca, negra, fuerte, inflexible, era inmodificable. Y vio que por mucho o por muy fuerte que hiciera llover, nada de lo que estuviese en su poder podía amenazar o destruir a la Roca. La roca era fuerte y resistente.
Y volvió a conocer las amarguras de la infelicidad. Y se dijo: “Soy tan infeliz. Si fuese la Roca, entonces sería feliz”, Y apareció el Ángel y le dijo: “Eres la Roca”. Y se convirtió en la Roca y sintió toda su fuerza y sintió todo su poder, y era feliz. Estaba exultante con su fuerza y su sensación de permanencia. Le agradaba sobremanera su capacidad para aguantar todo lo que la Naturaleza pudiera lanzar contra él. Se reía del Sol y se burlaba de la Nube de Lluvia.
Hasta que un día apareció un Picapedrero…
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